Antes de someterse a una prueba genética, es importante comprender cómo funciona la prueba, qué puede y qué no puede decirle y lo que podrían significar los resultados. Este proceso se llama consentimiento informado, donde se le proporciona información sobre la prueba y se le solicita permiso para proceder.
Si decide someterse a pruebas genéticas, su proveedor de atención médica le ayudará a organizar la prueba, a menudo durante una consulta genética. La prueba se realiza generalmente con una muestra de sangre, cabello, piel, líquido amniótico (durante el embarazo) u otro tejido. Por ejemplo, un frotis bucal utiliza un hisopo de algodón para recoger células del interior de la mejilla. Estas muestras se envían a un laboratorio donde los técnicos buscan cambios específicos en el ADN, los cromosomas o las proteínas, dependiendo de la condición sospechosa.
Las pruebas de detección en recién nacidos se realizan con una pequeña muestra de sangre tomada del talón de su bebé. Por lo general, solo recibirá los resultados si son positivos. Si el resultado de la prueba es positivo, se necesitan pruebas adicionales para determinar si su bebé tiene un trastorno genético.
Su médico examinará los resultados, determinará su significado y los compartirá con usted. Asegúrese de hablar con su médico y con el asesor genético y hacer preguntas sobre lo que significan los resultados y qué pasos debe seguir después de recibirlos.
Por ejemplo, es posible que necesite una detección de cáncer más temprana, más frecuente o de diferentes tipos. O es posible que deba reunirse con un especialista en medicina materno-fetal o con un neonatólogo para discutir las opciones de atención para una diferencia congénita en su nuevo bebé.