La enfermedad de Parkinson (EP) es un trastorno neurodegenerativo progresivo, lo que significa que es una condición que afecta su cerebro y sus síntomas aumentan con el tiempo. Aunque la enfermedad de Parkinson a menudo se reconoce por sus efectos en el movimiento, el equilibrio y el control muscular, también puede afectar muchas otras funciones del sistema nervioso. Estos incluyen la memoria, el pensamiento, la salud mental, así como las funciones digestivas, urinarias y sensoriales.
Más de un millón de personas en los Estados Unidos viven con la enfermedad de Parkinson, y se diagnostican casi 100,000 nuevos casos cada año. La EP se diagnostica más comúnmente en personas mayores de 65 año, pero puede diagnosticarse desde los 20 años hasta los 80 años o más.
Aunque la mayoría de las personas asocian la EP con temblores, este síntoma solo afecta a poco más de la mitad de las personas con la enfermedad. Los síntomas principales que afectan a todas las personas con EP es que, con el tiempo, hacen que los movimientos cotidianos sean más lentos y más difíciles. Otros síntomas motores que pueden ocurrir con la EP incluyen rigidez (dureza muscular), problemas para caminar y problemas de equilibrio.
La enfermedad de Parkinson ocurre cuando una proteína llamada alfa-sinucleína se agrupa en ciertas áreas del cerebro, reduciendo la dopamina, una sustancia química que ayuda a controlar el movimiento. A medida que los niveles de dopamina disminuyen, el movimiento se vuelve más difícil, pero los síntomas varían de una persona a otra.
La buena noticia es que la investigación está progresando. Los científicos han descubierto genes vinculados a la enfermedad de Parkinson y están aprendiendo más sobre los cambios químicos en el cerebro que la causan. Estos avances están llevando a nuevas posibilidades de tratamiento y esperanza para mejores formas de manejar, y quizás algún día curar, la enfermedad.